En anteriores entradas os he hablado de las necesidades vitales para tener un cuerpo en armonía y saludable; hidratación, alimentación y ejercicio físico.
Ahora le toca el turno a nuestra mente.
Por mucha hidratación que tengamos, nos alimentemos correctamente y seamos activ@s con el ejercicio, si no cuidamos nuestra mente, no vamos a conseguir crear un equilibrio.
Nuestra cabeza recopila información y emociones desde que tenemos uso de razón.
Es importantísimo entrenar a nuestro cerebro, crear rutinas para evitar que se atrofie y mantener una mente lo más abierta posible y libre de traumas emocionales. No hay nada peor que crearnos barreras y ser negativ@s.

• Entrenar al cerebro

Es una tarea bastante sencilla. Basta con leer con frecuencia, hacer cálculos sin recurrir siempre a la calculadora y desarrollar nuestra imaginación; escribiendo, pintando cuadros, haciendo manualidades, cocinando, tocando un instrumento, escuchando música, etc. Si atrofiamos al órgano que envía señales al resto del cuerpo, ¿qué puede pasar?

• Mantener una mente abierta

Es algo que requiere un poco más de esfuerzo y desde luego, hay que estar receptiv@ a nuevas informaciones y emociones. Lo que viene a ser evolucionar…
Cada persona hablamos, sentimos, actuamos y reaccionamos de diferentes maneras. Lo más importante de todo es el respeto.
Lo he dicho muchas veces:

“Al que juzgue mi camino, le presto mis zapatos”.

Cada vez que juzgamos o criticamos a alguien con total libertad, sin sentir un mínimo de empatía, estamos alimentando un monstruo que cuando se haga grande, se volverá contra nosotr@s.
Podemos aprender de todas las personas sin discriminar la edad, el sexo o la cultura.
Otra cosa importante para abrir nuestra mente es dejar de cotillear todo lo que pasa a nuestro alrededor.
Fijarnos más en nuestras acciones que en las de l@s demás, es una manera de vivir y dejar vivir.

• Liberar traumas y ser positiv@

Martirizarse es un juego que crea nuestra mente para alimentar nuestro ego y demostrar a l@s demás lo pobrecit@s que somos, lo dura que es o ha sido nuestra vida, y por supuesto el “yo más”. Es un juego que termina aburriendo a las personas que hay a nuestro alrededor y para nuestra cabeza no nada es sano.

No podemos pensar que todo lo malo nos ocurre a nosotr@s. En este planeta existen muchísimas personas como para que todas las desgracias te ocurran a ti, ¿no?.
La vida es dura, hay que asumirlo y aprender tanto de lo bueno como de lo malo, pero sin regocijarse en la mierda por favor.

El trabajo, la familia, l@s amig@s, la rutina diaria, el dinero, las responsabilidades, la presión, la falta de tiempo, etc., nos terminan generando estrés y ese estrés deriva a dolores y enfermedades que no comprendemos por qué han aparecido. ¿En serio? En parte aparecen porque no conseguimos meditar, liberar emociones negativas y tener pensamientos positivos.

Si yo me repito a mí misma que algo no me va a salir bien, tengo un 90% de posibilidades de que efectivamente no salga bien (el 10% restante es suerte).
Boicotearnos es algo que se nos da genial. ¿Cuántas veces nos hemos dicho «no puedo, no me sale, yo no podría, es demasiado para mí, no me da tiempo…»?
Seguramente con esa motivación que nos damos, lo mínimo es que salga mal.
Crear un mantra (frases para liberar nuestra mente); “yo puedo, me va a salir bien, todo se va a solucionar, todo está bien…”, puede ayudarnos a ver las cosas con más positividad.

Para liberar traumas emocionales y conseguir una mente sana, a veces se puede necesitar la ayuda de un@ terapeuta. No debe ser algo de lo que avergonzarse ya que a lo largo de la vida recibimos ayuda de muchas personas.
No nos avergüenza cortarnos el pelo o hacernos una limpieza facial, pero sí acudir a un@ terapeuta para limpiar nuestra mente. Esos obstáculos hay que romperlos.

A algun@s os parecerá absurdo todo lo que digo. ¡No os preocupéis! Es un síntoma de una mente cerrada, pero todavía estás a tiempo de poner remedio.
«Hay personas que te cargan de energía, otras te la agotan y otras te transmiten mala vibra simplemente con mirarlas»
Eso es un reflejo de nuestra mente, así que cuídala, entrénala y libérala de malos pensamientos porque todo lo que hagamos nos va a rebotar. Y mejor que nos reboten cosas buenas, ¿no?.

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